Cada uno de nuestros viñedos es un fiel reflejo de las prácticas orgánicas basada en dos conceptos generales: el fomento del desarrollo de la biodiversidad y la ausencia de agroquímicos (pesticidas, herbicidas, fertilizantes).
1. La biodiversidad consiste en fomentar el desarrollo y coexistencia de varias especies distintas dentro de un mismo espacio físico o hábitat. Esto se consigue mediante el uso de corredores biológicos y cultivos asociados.
2. Los pesticidas, herbicidas y fertilizantes sintéticos son reemplazados por productos naturales y de origen biológico. El compost, por ejemplo, es producido con hollejos, escobajos, residuos vegetales y guano de animales. La maleza, por su parte, es controlada en forma mecánica y a través de animales que se alimentan de ella (alpacas, gansos y caballos). Y para el abono, se siembran gramíneas y leguminosas que aportan nitrógeno al suelo.
El objetivo final de este tipo de agricultura es producir alimentos más sanos sin el empleo de productos químicos. Y, por otro lado, revertir los problemas generados por la agricultura tradicional: degradación de suelos, desertificación, contaminación ambiental, pérdida de diversidad genética y presencia de residuos tóxicos en las cosechas, por mencionar algunos efectos.
“Los vinos hechos a partir de la agricultura orgánica y biodinámica, comparados a los de la agricultura convencional, son más sanos. Esto porque no tienen ningún tipo de residuo. Son vinos que se producen de una mejor manera, que no sólo protege el medio ambiente, sino también a las personas que trabajan en el proceso. Y además son vinos mucho más personales, más únicos, con más carácter y más expresión del lugar donde se producen… que es la expresión de terroir”.
Álvaro Espinoza
